
El whisky es una de las bebidas alcohólicas más consumidas. Aunque es cierto que es tras el proceso colonizador (1492) cuando encontramos el primer texto donde se toma reflejo de cómo elaborar y destilar whisky, su presencia data de numerosos siglos antes, donde era usado principalmente como medicamento y desinfectante. Fue alrededor del siglo VII cuando los religiosos introdujeron en Irlanda al alambique, inicialmente utilizado para la elaboración de perfumes, hasta que se descubrió su aplicación para la destilación de whisky, adoptando igualmente los escoceses estos procedimientos que posteriormente marcarían su historia. Y ¿cómo sucedió esto? Irlanda ha sido el país más relevante históricamente en cuanto a producción y exportación de whisky se refiere, hasta que llegamos al siglo XX. Acontecimientos como la guerra que hubo en Irlanda y la ley seca americana motivaron el cierre de las exportaciones irlandesas y cuando el mercado volvió a demandar whisky, eran los escoceses quienes contaban con los medios para atender dicha demanda.
Para su elaboración, comenzamos limpiando a la cebada, introduciéndola en agua favoreciendo su desarrollo y modificando en sacarosa el almidón existente. Una vez preparada, llevamos a la cebada a hornos de secado donde a su vez se aromatiza primariamente, para molerla después y mezclarla con agua, obteniendo un primer mosto, el cual fermentaremos, y como consecuencia obtendremos la modificación de los azúcares en alcohol, como paso previo a la destilación. Destilaremos el mosto un mínimo de dos veces, y posteriormente lo introduciremos en toneles para que envejezca (será más exquisito cuanto más sean los años de duración de su envejecimiento, con un mínimo de tres).
Irlanda y Escocia son los países con mayor tradición y reputación en cuanto a su producción se refiere. Otros países como los Estados Unidos (con su clásico Bourbon) y Canadá también son de los países más representativos en cuanto a su producción, teniendo éste como destino final a los Estados Unidos, España, Alemania, Japón, etc…

Existe una controversia respecto al origen del vodka, estableciendo el mismo en Rusia o en Polonia, siendo la traducción del término que identifica esta bebida en ambos países “agüita”. El veto respecto a la entrada de vino extranjero junto con el bajo coste y accesibilidad de sus ingredientes, fomentaron su elaboración y consumo en masa en dichas regiones.
De los diferentes procesos de transformación a los que se somete a la uva, se obtienen las diferentes variedades de vino existentes, es decir: el tinto, el rosado y el blanco. Para la elaboración del vino tinto, empleamos uvas tintas junto con su hollejo (piel) que es donde residen los taninos, encargados éstos de dotar de color al vino final. Lo mismo sucede con el vino rosado, es decir, usamos uvas tintas para su elaboración (o una mezcla de ellas junto con uvas blancas, y parcialmente su hollejo, para dotar de un color menos intenso a la elaboración final. Por último, respecto al vino blanco, comentar que el mismo se elabora a partir de uvas blancas sin sus hollejos.