
La historia del vino es tan antigua como la historia de la humanidad. Para obtener el vino es imprescindible pasar por el proceso de la fermentación de las uvas. Dicho proceso es un fenómeno natural por lo que todo indica que el descubrimiento del vino en sus orígenes fue casual, motivado por la fermentación natural de unos granos de uva en un determinado recipiente, posibilitando de este modo la formación del zumo fermentado por la uva en el mismo.
Como principales protagonistas de la figura del vino, en primer lugar fueron las culturas griegas y romana quienes desarrollaron una pasión por el mismo (se crea el dios Dionisio en Grecia quien se transformó en Baco para los romanos). La cultura egipcia tiene un papel destacado en este punto, ya que fue quien dejó por primera vez una clasificación en cuanto a añada del vino, propietario, etc…(una especie de primer etiquetado). Y, como no, es indudable el valor que le otorga el cristianismo, convirtiéndolo en pieza fundamental del rito de la misa, donde se le considera la sangre de Cristo.
Como principales países productores de vino, destacar en primer lugar a Francia e Italia, quienes alternativamente se intercambian el primer puesto de producción vinícola, seguidos por España, productor en la totalidad de su territorio. Otros países con importantes niveles productivos son el estado de California (en EE.UU.), Portugal y Argentina.
Al igual que Francia e Italia se erigen como los mayores países productores de vino, también se consolidan como los países con mayor consumo del mismo, seguidos por los países de la zona mediterránea y otros como Argentina y Chile.
Por último, señalar en cuanto a su elaboración, que dicho proceso comienza con la vendimia o recogida de las uvas. Éstas son transportadas a las diferentes bodegas donde comenzarán con su tratamiento (el proceso de la fermentación es el paso indispensable de cualquier tipo de vino, que no se librará de las diferentes fases de tratamiento de las uvas como son la descarga y selección de los granos de uva, el estrujado de los mismo (extrayendo de la uva el primer mosto o zumo), el despalillado (para limpiar a las uvas de sus partes leñosas) y diferentes fases de fermentación según el vino a elaborar.
Respecto a la obtención del tequila y sus variedades, establecer las siguientes consideraciones: en primer lugar si hablamos de tequila puro, estaremos hablando de un tequila elaborado con glucosa de algave en su totalidad; mientras que si hablamos de mixto, lo haremos de un tequila elaborado con al menos un 60 % de dichas glucosas. Y, según el envejecimiento al que sea sometido, hablaremos de:
El tequila debe su nombre a la localidad de donde es originario: Tequila, en México. Cuentan que los indígenas de Jalisco (territorio donde se encuentra Tequila) lo descubrieron casualmente tras quemarse el interior de unos cuantos agaves (la planta a partir de la cual se elabora el tequila) por el efecto de un rayo, lo cual produjo que un atrayente aroma llegara hasta ellos, quienes motivados por el mismo localizaron su enclave y probaron lo que pensaban era regalo de los dioses (fue un indígena quien días después y tras haberse quedado algo de dicho jugo olvidado, volvió a sentir su aroma y descubrió un líquido burbujeante, que modificó su manera de actuar tras probarlo). Y fueron los colonizadores de España quienes destilaron años después dicho jugo primario para dotarlo de un sabor más tosco, posibilitando el nacimiento de nuestro actual tequila.
Como sabemos la sidra es una bebida alcohólica de baja gradación (3º hasta 8º), que se obtiene por la fermentación del jugo de las manzanas exprimidas. Los especialistas indican que la sidra ideal debe tener un color “ambarino” (ni muy oscuro ni blanquecino), con aroma natural afrutado, y un sabor que invite a beber, es decir, mínimamente amargo y seco. Su temperatura ideal oscila entre los 12-14 ºC, en un lugar fresco alejado de los rayos del sol.