
Con una existencia antiquísima (miles de años antes de Cristo), nos encontramos ante la hidromiel, la bebida alcohólica con mayor tiempo de existencia, compuesta por agua y por miel elaborada a través de un proceso de fermentación. Al igual que sucedió con el vino y motivado por la naturaleza de sus componentes (uva en el caso del vino y miel en la hidromiel) su descubrimiento fue casual, dado por una fermentación natural de la miel.
Su consumo se dio en todas las civilizaciones antiguas: desde los griegos y romanos, pasando por los hindúes, tribus americanas, celtas y mayas entre otros, siendo la principal bebida alcohólica consumida hasta principios del pasado milenio, cuando el vino y la cerveza la desplazaron de las preferencias de los ciudadanos.
Para comenzar con su elaboración, lo prioritario es establecer las medidas de sus componentes (las adecuadas son unos 30 kilogramos de miel y 70 litros de agua). A dicha mezcla se le añaden una serie de nutrientes como son el azufre, potasio, amonio, etc…, diluyendo las mismas hasta disolverlas en el preparado anterior, comenzando así con su hervido (en unos quince minutos), limpiando las impurezas que son llevadas durante este proceso a la parte superior del hervido. Tras estos minutos, volvemos a introducir agua (hasta el nivel inicial de agua que ahora ha hervido). Mediante este proceso lo que estamos haciendo es purificar al mosto que elaboramos, antes de comenzar con su fermentación junto a levaduras, para lo que utilizaremos uvas estrujadas. Introducimos en los recipientes adecuados el mosto purificado para añadirle una vez enfriado las levaduras de las uvas preparadas. Después de poco más de un día comienza el proceso de fermentación. Transcurrido un día se le añaden unos nutrientes para que al día siguiente realicemos el trasiego del mosto inicialmente obtenido, se airea y nos permite acrecentar el proceso fermentativo (fermentación tumultuosa) que dejará paso tras unos días a una más reposada y lenta (trasegando al mosto en ésta dos veces más), con la precaución de mantener siempre lleno el recipiente donde estemos realizando la fermentación (agregando hidromiel o mosto fermentado). Tras unos meses nuestra hidromiel estará lista (es de mayor calidad cuanto mayor envejecimiento en toneles presente).
Sirvan como ejemplo de consumidores de hidromiel Polonia, Rusia y países centroeuropeos. España, Chile y Perú actualmente la producen, aunque como hemos comentado ha cedido mucho terreno en relación al vino y cerveza.
Pese a que en los últimos años parecía haber perdido importancia en los niveles de consumo de bebidas alcohólicas (siendo el whisky uno de los principales beneficiados, incrementándose su consumo), la ginebra ha experimentado un repunte, vuelve poco a poco a los importantes niveles de consumo que poseía. Ya sabemos que inicialmente surgió como remedio medicinal ante enfermedades sobre todo renales; pero posteriormente se le han atribuido otra serie de facultades beneficiosas en nuestro organismo, como su capacidad digestiva y diurética.
Esta famosa bebida alcohólica, se descubrió a partir de sus aplicaciones médicas. Fue en Holanda en el siglo XVII, cuando buscando soluciones para diferentes problemas, sobre todo relacionados con el riñón, se realizó una primera destilación de alcohol junto con centeno, cebada y maíz, para introducir en ella posteriormente enebro, fruto que originará la “Genever”. Fueron los soldados británicos quienes tras diferentes campañas militares la conocieron e introdujeron en las islas, popularizándose su consumo. Posteriormente, se gravaron las importaciones en el país, fomentando la producción local, desarrollando en Gran Bretaña el mercado nacional de Ginebra.
Debido a su alta graduación alcohólica (alrededor de 40 grados), en el momento de beberlo nos calienta nuestro cuerpo, sentimos como el calor nos recorre, reconfortándonos en estaciones frías. Servido en copas anchas, pero de boca estrecha, se suele tomar a temperatura ambiente. Hay quienes prefieren añadir un cubito de hielo, pudiendo disfrutarlo igualmente mezclado con el café (el típico “carajillo” español), teniendo aplicaciones culinarias, utilizándose para diferentes recetas de cocina.